De la integracion


Los ojos: espejos del mundo interior
Junio 3, 2009, 12:59 am
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En el trabajo terapéutico bioenergético la disminución de una tensión muscular crónica posibilita la expresión de un sentimiento reprimido, e inversamente, la expresión de un sentimiento reprimido produce la relajación o la disolución de los espasmos musculares. Para lo cual, el trabajo dinámico-expresivo con la voz, la mirada y el movimiento se complementa permanentemente con el trabajo biofísico por un lado (actings neuromusculares, ejercicios respiratorios, toques, etc.), y con el trabajo analítico sobre la capa emocional y defensiva (análisis de la transferecia, análisis de las resistencias, etc.) por el otro.

 Los ojos son la parte más móvil del cuerpo humano. Son dos esferas, prácticamente sin peso, movidas por seis músculos notablemente poderosos, que le dan rapidez y precisión a la mirada. La dirección de la mirada es determinada a cada instante por estos seis músculos. Nuesto campo visual, por ejemplo, es prácticamente igual a media esfera. Basta dar media vuelta o girar la cabeza y vemos la totalidad de lo que nos rodea. Aunque tenemos la ilusión de que nuestros ojos ven nítidamente todo de una vez, a una distancia mayor de 6 metros, cuando el músculo cristalino se relaja y no hay más acomodación y focalización, la visión nítida tiene el tamaño de una pelota de tenis. La rapidez y la precisión del movimiento de los ojos tiene que ver justamente con esta capacidad de concentrase instantáneamente en un punto específico4. 

     Nuestros ojos son uno de los aspectos más importantes de nuestro cuerpo. Como órganos sensoriales proveen el eslabón más importante entre nuestro mundo interior y el mundo exterior, facilitando la percepción y el contacto, y posibilitando la creación de la identidad y de la separación, desde la función de discriminación.

     Nuestros ojos tienen una doble función: órganos de visión telesensoriales, posibles de ser estimulados a distancia, cumplen a su vez  la función de contacto y de percepción5 

     El ver está asociado al sentir, al pensar y al actuar por medio de múltiples vías:

     *visión-imaginación-intuición;

     *visión-percepción-concientización;

     *visión-crítica-auto-crítica;

     *visión-atención-constatación;

     *visión-fantasías-sueños;

     *visión-contacto-distancias afectivas.

 ¿Qué expresamos a través de nuestra mirada? ¿Qué tipo de miradas nos ayudan a expandirnos? ¿Qué miradas nos contraen? ¿Cómo evitamos o nos abrimos al contacto visual? ¿Cuál es el grado de proximidad o de distancia que establecemos en los encuentros a través de la mirada? 

     El sentido de la mirada está relacionado a la experimentación intensiva de la visión y del contacto.

     Los ojos son instrumentos ópticos pero más que nada son órganos de contacto emocional con el mundo y con el otro.

     La mirada juega un rol importantísimo en la integración y en la diferenciación de la experiencia humana, cumpliendo por lo tanto con la función de discriminación y de síntesis. Es con nuestros ojos que comenzamos a explorar la grieta que separa nuestros mundos internos del mundo externo, la diferencia entre yo y otro, entre mamá y yo6. 

     La mirada es una de las formas más íntimas que pueden establecerse en el encuentro entre dos personas. 

     El contacto ocular es una forma de tocar y representa así, la posibilidad de comunicar afectos a un nivel más profundo que el propio intercambio verbal. El “amor a primera vista”, por ejemplo, es una emoción que recorre intensivamente todo nuestro cuerpo, es una mirada que proyecta una onda de placentera excitación a través del cuerpo y puede involucrar al vientre y a los genitales.

  El contacto ocular es uno de los factores más importantes en la relación entre padres e hijos. Nada determinará tanto la relación entre una madre y su hijo como la calidad del contacto visual entre ambos. 

     Este contacto es particularmente importante entre la madre y su bebé. En el amamantamiento puede observarse cómo el niño busca el contacto de los ojos de la madre. Si ella reacciona con amor, se comparte el placer de la proximidad física y emocional, que vigoriza el sentido de seguridad y de fe en el bebé. Por el contrario, cuando no hay contacto visual o el mismo se realiza mecánicamente y desprovisto de afecto, el bebé lo toma como un rechazo, produciendo en él un sentimiento de aislamiento o abandono. Cuando un niño ve placer y amor en los ojos de su madre, se distiende y se llena de alegría. Una madre deprimida y con una mirada triste, probablemente se convertirá en una sombra gris sobre el hijo.

Los ojos reflejan profundamente la experiencia emocional pasada y el funcionamiento energético presente.